Por Nico
Se deja caer.
Él la agarra por los brazos, acerca su rostro hasta hacer rozar sus mejillas derechas. Llena sus pulmones con su olor, y se promete no olvidar aquel agradable aroma. Aleja su rostro aún con los ojos cerrados intentado guardar en algún lugar seguro de sus recuerdos su perfume.
Al abrir los ojos ella está llorando. No quiso besarla en la boca, pues de haber sido así, su herida no habría de cicatrizar nunca. Se miran en silencio durante un interminable minuto, hasta que el al fin pronuncia su despedida. Al principio las palabras se traban en su garganta, pero con un carraspeo las consigue sacar.
No te arrepientas nunca.
Ella asiente con la cabeza. Un casi constante río de lágrimas cruza su mejilla izquierda y sobre el párpado inferior de su ojo derecho cuelga una lágrima a punto de caer. La seca con su mano sin dejar de mirarlo y luego se da vuelta y comienza a alejarse con la cabeza gacha.
Él no llora. No hasta que ella lo pierda de vista. Se ha propuesto ayudarla a irse, y llorar no sería de ayuda.
Cierra fuertemente los ojos.
Ahora la ve más joven, sentada en los pasillos de la universidad. Su amiga le ha hablado de ella, pero el ya la conocía. Ya la había visto muchas veces antes.
Sus charlas culminan siempre con una exagerada muestra de egocentrismo que a ella le causan gracia, mientras el la mira sonriendo.
Una semana completa de ausencia y el no puede dejar de pensar en ella. Y se lo dice.
La sangre golpea contra sus sienes
Recuerda el día en que le robó una sonrisa a la chica desconocida que pasaba por la vereda, haciendo el tonto y dejando caer el libro que tenia en sus manos mientras la miraba con exagerada fascinación.
Una nube negra nubla su vista.
La vuelve a ver a ella. Las lágrimas bajando por la mejilla izquierda. Ya no recuerda su perfume y no termina de reconocerla. La ve alejarse llorando y sin darle la espalda. La ve irse.
Ya descansa de su dolor. Los recuerdos dolorosos se han ido. Los recuerdos lindos también.




